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Desde luego, los creyentes de hoy en día (los sinceros, naturalmente) hablan una lengua nueva, un lenguaje distinto al que utiliza la sociedad, la política y hasta la Iglesia. Una lengua que suena a buena noticia y que tiene contenidos muy bellos: que Dios es un Padre (así, como suena); que la vida es un gran y hermoso don; que hacer el bien es mejor que hacer el mal.San Juan condensa en este epílogo, las enseñanzas de Jesús en las que asegura la condición de comunión del creyente en relación con Dios. El maestro de Nazaret está sintetizando con propiedad el significado de su persona con respecto al Padre y al mundo. Sus vehementes palabras, son un canto al Padre; de hecho, Él es la Palabra humanada de Dios. En este sentido, en la medida en que la comunidad deje acontecer a Jesús, también acontece Dios en ella.
La tarea es creerle, oírlo, guardar su palabra y dejarse orientar por su luz, que libra de toda desesperanza e intrascendencia de la fe. La salvación que proviene de Dios en su Enviado es un acontecimiento de liberación y humanización integral; es don divino y proceso humano; aunque parezca paradójico.
Por tanto, decidirnos por Jesús implica religar la vida evangélica, ética y humanamente. Es indudable que la aceptación de la oferta salvífica tiene consecuencias y genera desafíos sociales, políticos y culturales. ¿Es nuestra vida de seguimiento un grito de justicia, paz y reconciliación interhumana y planetaria?
1. Abundan ahora, en no pocos ambientes en los que predominan los que llamamos "progres", los que, en nombre de lo humano, rechazan "lo divino". Esos son quienes afirman tranquilamente: "Jesús, si; Dios, no. En nombre de "lo humano", se rechaza lo divino. Esta forma de pensar, motivada por argumentos del mas diverso valor y peso, es frecuente, más frecuente de lo que pensamos. ¿Tenemos los cristianos algún tipo de respuesta para estas posturas y para los argumentos en los que se basan?
3. Jesús afirma aqui de forma tajante y firme:"El que cree en mi, no cree en mi, sino en el que me ha enviado': Y enseguida el mismo Jesús añade: "el que me ve a mi, ve al que me ha enviado". No hay que esforzarse mucho para comprender enseguida que, con estas palabras, lo que este evangelio afirma es la identidad entre Dios y Jesús. Creer en Jesús es creer en Dios. Ver a Jesús es ver a Dios. Por tanto, que nadie se angustie porque le resulta facil aceptar a Jesús, mientras que lo de Dios no se entiende y cuesta explicarlo o demostrarlo. No hagamos problema de nada de esto. Dios se ha encarnado en Jesús. Es decir, Dios se ha encarnado en lo humano. Por eso, a Dios lo encontramos en todo lo verdaderamente humano. Así de simple. Y así de profundo también. Todo el que busca su propia humanidad, por eso mismo busca a Dios.
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