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Alejarse del lugar del éxito, de la popularidad y del aplauso de la gente, resultó difícil, como una noche oscura, en un mar encrespado y con viento contrario. Así las cosas, lo que más sintieron fue el miedo, no la cercanía de Jesús que les buscaba rápido, para alcanzarlos, con la ingravidez del que se desliza por encima de las aguas agitadas.
La palabra de Jesús, "Soy yo", va acompañada de un mandato que siempre agrada: "No teman".
La cercanía de Jesús, la presencia de Jesús, va siempre acompañada de una experiencia que todos necesitamos y que tanto deseamos: liberarnos del miedo. Son demasiados los miedos que nos atenazan, nos atormentan, nos avergüenzan. Miedos inconfesables, miedos que no podemos superar. La presencia de Jesús se nota en la paz, la alegría y la ilusión que va unida a la victoria sobre el miedo.
En el evangelio de Juan, se repite, por lo menos, 23 veces la afirmación de Jesús: "YO SOY" (Jn4,26; 6,20.35.41.48.51:8.12.18.24.28.58; 9,7.9.14; 11,25:13,13; 14,6: !5,1.5; 18,5.6.8.37 b). Esta afirmación es el nombre de Dios revelado a Moisés (Ex 3,14) . Pero no es una definición ontológica de Dios Expresa "cómo actúa" Dios, qué convicciones tiene Dios. Es el Dios que actúa liberando a su pueblo de la esclavitud (Ex 3,7-10).
Eso es creer en el Evangelio: actuar desde la convicción de que podemos liberar a los esclavos. "No tengan miedo" nos dice Jesús. Vivan convencidos de que pueden liberar a los hambrientos, a los que nadie quiere.

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